
ESA EXTRAÑA SENSACION DEL SUELO ONDEANDO COMO AGUA
MENDOZA.Sábado 27 de febrero de 2010 - Dicen que un terremoto se parece a la caída de una piedra al agua. Lejos del impacto se sienten ondas suaves, con intervalos largos. Más cerca las olas son más altas y más seguidas. Y en el lugar de la caída, lo que ocurre es una explosión. Quienes han vivido temblores, las "ondas", creen erróneamente, que hay tiempo para escapar. Sólo quienes pasaron por "la explosión" saben que no hay tiempo de casi nada. Si sobreviven, aprenden a ser sensibles y a moverse rápido y sin pánico porque una especie de instinto adquirido les dice que, si es que hay una mínima oportunidad, no dura y no se repite.
Hace casi 21 años dejé mi natal Mendoza y me mudé a la nada sísmica Buenos Aires, pero siempre vuelvo de vacaciones y algunas veces he vuelto a sentir esa extraña sensación de las olas del suelo, mientras uno, las casas, los edificios, se mecen como si se estuviera a bordo de un barco.
Muchas veces en los 30 años que viví aquí ví el suelo ondeando, las olas del asfalto como si fuera agua, los edificios mecerse como si fueran álamos rozados por el viento. Y los tanques de agua en los techos de las casas oscilar y desbordarse alternativamente por un costado y por el otro, como si un torpe catador agitara excesivamente su copa de vino.
Así fue cuando se sintió muy fuerte aquí el terremoto de 1965 en Chile, cuando era un niño. La casa se mecía y los paredones altísimos de una vetusta casona vecina amenazaban desplomarse mientras ondeaban como si fuera de papel.
Mis abuelos paternos estaban de visita y ellos recordaban con claridad el terremoto que borró en 1944 a San Juan de la faz de la tierra y se asustaron mucho. Y ante cierta incompresión de mi parte nos condujeron enérgicamente al patio, lejos de cualquier construcción.
En noviembre de 1977 el terremoto de Caucete, en la vecina San Juan, me sacó de la cama temprano en la mañana, sólo para ver cómo el suelo del patio de la casa familiar ondeaba como si se hubiera transformado súbitamente en un líquido espeso y agitado. El parral se sacudía frenéticamente y el tanque de agua de 500 litros se mecía como si estuviera en una hamaca y no en un techo. Diez minutos después de pasado el temblor, el agua en su interior seguía moviéndose y desbordándose alternativamente por cada lado. La ciudad estuvo paralizada todo el día, mientras las réplicas nos sobresaltaron cada vez con menos frecuencia durante toda una semana.
La explosión, Una sola vez sentí "la explosión". Fue en el terremoto de enero de 1985, un sábado a la medianoche que empezó de fiesta y terminó en fatalidad colectiva. El remezón inicial fue como un estallido que lo conmovió todo y nos dejó en silencio, paralizados y expectantes. Los perros del barrio comenzaron a aullar enloquecidos y mi madre dijo: "debe haber sido un temblor".
El segundo fue peor. La casa de mis padres se retorció lanzando crujidos imposibles, rechinando el techo y todos huimos al patio en medio de la oscuridad, pues los sensores de emergencia del servicio eléctrico habían cortado de inmediato el suministro. Las habitaciones y pasillos se llenaron de un polvo muy fino que nadie sabía de dónde salía y que flotaba generando una escena fantasmal de película de terror.
Pasamos la noche en el auto, en la calle, temiendo a las réplicas y a los posibles daños de la casa que la oscuridad no nos dejaba ver. Algunos vecinos se nos unieron y los entonces modernos automóviles parecían en la noche una caravana de colonos americanos aguardando en el salvaje Oeste el ataque de los comanches en una película de John Wayne. Algunas provisiones no perecederas, un bidón con agua, linterna, medicamentos, una radio portátil y la ropa puesta era todo lo rescatado de una vivienda que podíamos haber perdido para siempre.
Tuvimos la suerte que a otros miles les fue esquiva. Gran parte de los sectores más viejos de la ciudad se desplomaron. Manzanas enteras debieron ser demolidas y poco después la coqueta Mendoza parecía haber sido escenario de una guerra.
Desde entonces aumentó mi sensibilidad a los movimientos del suelo. Y aunque nunca tuve terror -sólo los insensatos no tienen miedo- estuve desde entonces presto a moverme rápido ante cualquier remezón característico de los para mí muy conocidos sismos. Y todos los mendocinos tuvimos la triste ocasión de poner a prueba nuestras nuevas habilidades cuando el domingo tres de marzo de 1985, con una buena parte de la ciudad en ruinas, nos sacudió un terremoto que barrió la Quinta Región chilena y causó estragos en San Atonio, Valparaíso y Viña del Mar. En la calurosa tarde, angustiados, sólo parecíamos esperar que terminara por caerse todo lo que había sobrevivido al golpe de apenas dos meses antes.
Alerta. Las vibraciones, desde entonces, me ponían alerta. Incluso dos años después mientras hacía un curso con un maestro del Actor´s Studio en la Sala Casacuberta, en el subsuelo del porteño Teatro Municipal General San Martín, el paso de las formaciones de la línea B de subterráneos que nadie más parecía advertir llegaba a sobresaltarme. Me tranquilizaba ver que nadie más reaccionaba, mientras la razón me recordaba que en Buenos Aires no hay terremotos.
Esa sensibilidad y el miedo se pierden con los años. En 2007 el menor de mis porteños hijos conoció conmigo el remezón de un temblor durante las vacaciones de invierno en la tierra del sol y del buen vino. Hubo daños menores en algunos lugares al suroeste de la capital.
Hace pocos días ya habíamos desayunando y estábamos prestos para un paseo con mis dos hijos cuando Google Earth, conectado al norteamericano USGS, nos informó que muy cerca acababa de temblar. Incluso muchos mendocinos no lo percibieron.
Esta madrugada, a punto de terminar las vacaciones veraniegas, la tierra se meció otra vez como si fuera un líquido viscoso. Es época de vendimia, hay festivales populares por todas partes, encuentros, exposiciones, degustaciones. Mendoza está de fiesta en la recta final hacia su fiesta mayor, la Nacional de la Vendimia, en apenas una semana. La ciudad capital había elegido pocas horas antes a su reina. En Lavalle, a menos de 50 kilómetros, todavía duraba el jolgorio del Festival del Melón y la Sandía. Y en los boliches bailables muchos danzaban, mientras otros paseaban, comían y disfrutaban en la elegante avenida Arístides Villanueva o en la señorial y ahora nocturna Chacras de Coria.
La mayoría conservó la calma. Algunos se espantaron, otros se aterrorizaron y descompusieron al punto de que necesitaron ser atendidos. Muchos huyeron de las construcciones y terminaron pasando la noche en vela. En algunos sectores del Gran Mendoza los sistemas de seguridad interrumpieron el suministro eléctrico. Las líneas de celulares se desbordaron. La gente quería saber cómo estaban sus familiares. Otra vez Google Earth y USGS dieron los primeros datos.
El que no me haya despertado por el extenso movimiento confirma que he perdido la sensibilidad de mendocino veterano. Y me hace pensar que si hubiera sido otra vez "una explosión", probablemente como muchos no habría vivido para contarlo.
JORGE OVIEDO






7 comentarios:
Mi querida gaucha algo que encontre por aca y deberias de tenerlo vos piva:
http://eltangoysusinvitados.blogspot.com/2009_10_31_archive.html
Gracias Paco,por acordarte de todo lo que me gusta,entre al blog,pero no encuentro la fecha,porque la pagina que me mandaste no esta completa,no me hagas buscar uno por uno jajajajjaa,te pido q me la envies por correo si?.Igualmente ire mirando el blog pq todo lo que se refiera al tango me encanta!!
Besos
Biki
Solo una cosa gauchita mia yo encontre el blog por puritita casualidad y pensa esto pa mi gauchita solo eso no lo he mirado por dentro ni por fuera solo y exclusivamente lo habri y le vilo que tiene por dentro no tengo ni idea solo vi que se pueden bajar algunos tangos antiguos , nada mas y por eso me acorde de vos piva que se que lo del tango te vuelve loquita asi que ni corto ni perezoso se le mando a vos .
tas fijao como man rollao padecirte que no lo he mirao y que lo mires tu que tienes mas tiempo que yo.
Un besazo tornillero para vos que hace mucho que no nos morreamos .
pacodecadiz
Ah ok Paco!! gracias,lo voy a mirar detenidamente,pense que querias que viera algo en especial.
Besos!!
Biki
Che piva que le pasa a vos tan seria ,asi como apagada tene algun mal o solo es la apariencia que medio,piva.
para regalarte una sonrisa un chistesito cortito:
Que hace un argentino debajo de una computadora?
se le cayo el sistema y lo esta buscando
Ese chiste es malisimo jajajajaa,lo conocia pero como chiste de gallego (Galicia,pa que no haya malos entendidos jaajjaa)
Pero todo vale,como un español va hablar en su contra jajajajajaa
No estoy seria che!! estoy muy bien!!
(eso me enseñaron de chiquita que hay que decir jajajajaj).
Besos
Biki
Por si acaso aqui va una letrilla que te gustara:
Hacía una noche maravillosa
de esas que invitan a pasear
y fuí vagando por esas calles
y a la Caleta vine a parar.
Casi extasiado por el silencio
en su belleza me recreé,
cuando de pronto escuché el lamento
y los sollozos de una mujer.
En la orilla de la playa
lloraba una caracola
y que pena me inspiraba
verla tan triste y tan sola.
¿Por qué lloras, caracola?
Cuentamé tus penas a mi,
dime Reina de las olas
¿qué es lo que te pasa a ti?
La acurruqué en mi pecho
y le dí calor del alma
y en mis brazos, adormecida,
sonriente me miraba.
Su nombre de Caracola
por Dolores lo cambió
y, entre Dolores y Lola,
de una triste caracola,
una gran Reina nació.
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