EL LENGUAJE CRIPTICO DE LOS TUMBEROS


Epezamos por su definicion:

Son vocablos de uso común en las unidades carcelarias bonaerenses,
con los cuales se diferencian de las autoridades.
Las definiciones de un dialecto exótico en un mundo distinto


Ahora si...

El “autito” no es un juguete ni un rodado de pequeñas dimensiones.
Tampoco lo es “coche” y mucho menos “colectivo”.
El “locutorio” no es lo que todos imaginan y “liberti” no es la marca de una cerveza sin alcohol.
En el submundo carcelario, donde el que se destaca es un “poronga” y el que no trasciende un “pancho”, los códigos son otros. El lenguaje también.

El “autito” es en realidad un interno homosexual, el “coche” es el que tiene pareja en el mismo pabellón, “colectivo” significa desorden, y “liberti” es sinónimo de “libertad”.

Del análisis de un diccionario confeccionado por Félix Roberto Carballo -un ex jefe penitenciario platense-durante sus más de 20 años de servicio en la fuerza, surge que la mayoría de los vocablos están relacionados con la conducta sexual.

Si bien los internos que asumen su condición homosexual en su gran mayoría son alojados en un mismo pabellón, esta clase de conducta está bien vista por el resto de la población carcelaria, donde incluso los reos con más poder suelen tener entre dos o tres parejas al mismo tiempo.

Además de los términos más vulgares,
para ellos existe una enorme cantidad de sinónimos
“autito”, “boquete”, “buraco”, “cochecito”, “yanta”, “maraca”, “maracaibo”, etc.

El “formula uno” es, por ejemplo, el preso más apetecible para el resto de los detenidos, y el “quitamarido” el que consigue que su “amante” deje a su pareja heterosexual. También existen palabras que, lejos de ocupar un lugar común dentro de las cárceles bonaerense, pasaron a ser de uso habitual en el hablar cotidiano de los argentinos.

El violeta (violador) es un claro ejemplo de ello. También la manera en la que se hace alusión a la Policía: “botón”, “rati”, “cobani”, “vigilante”, etc.
Otras definiciones, mucho más especifícas como por ejemplo “cabeza de tortuga” (así denominan al cuerpo de infantería, un grupo especial que suele intervenir en motines), denotan cierto grado de conocimiento acerca de los códigos carcelarios.

La otra escuela Una vez detenido y trasladado a la unidad penitenciaria correspondiente, el delincuente tiene la obligación de diferenciarse (en especial para lograr la confianza de sus compañeros de pabellón), no solo del funcionario sino también del sistema imperante.

Y uno de los métodos es el lenguaje, utilizando así un conjunto de palabras, y un estilo y un modo de hablar peculiar, propio, característico y privativo, variedad de un idioma con sentido o signicación específica.

La realidad del mundo carcelario se traduce en gran medida en el lenguaje del recluso. En sus gestos, sus códigos, sus actos, sus actividades cotidianas, traducidos estos en un sin número de vocablos que todos los procesados y penados pronuncian dentro de los muros que rodean esa realidad, e inclusive muchos al egresar continúan hablando en la vida libre con dicha terminología, aunque algunas expresiones idiomáticas también resultan pronunciadas por el común de las personas (Ejem.:boga -abogado-, blanca -cocaína-, bardear -criticar- y buchonear -delatar-).

En las cárceles de la provincia puede observarse el uso de un dialecto propio, que incluye una terminología cuya etimología evidencia su estricta pertenencia a ese ámbito, aunque su adopción ha resultado a través del tiempo extensible hacia el resto del cuerpo social, pero que cumple con la condición antes referida de nutrirse de la lengua oficial.

Si bien no se trata de un lenguaje en sentido estricto, cumple con la función de operar mensajes, ya que no es posible construir y transmitir contenidos con el mismo sentido utilizando expresiones del idioma o lenguaje ordinario.

Un rasgo más de éste dialecto es la dinámica que explica su periódica mutación como sistema o bien el cambio del significado específico de la terminología.
La desaparición de términos como “grata” (que tenía un uso frecuente hace 20 años y hoy está casi extinto), el surgimiento de expresiones nuevas como “pata de calentador” (líder que carece de poder), testimonian su transformación.

Asimismo el término “yantas”, que en primera instancia hace alusión a las zapatillas, en la actualidad se aplica para denominar a los homosexuales. En esta “sociedad de la cárcel”, cada vez más numerosa, los miembros conforman grupos de residentes que, a traves del tiempo, adoptan usos propios, y que por el uso mismo han devenido en costumbres carcelarias, originando una subcultura con valores, lenguaje, códigos y leyes propias que pocos comprenden.

El significado de los tatuajes carcelarios En muchos casos demuestran y afianzan los lazos familiares. En otros, expresan agresividad o confieren mayor jerarquía dentro del círculo de los presidiarios Cuando un preso se hace el tatuaje de una serpiente enroscada en una espada, está expresando simbólicamente que se ha comprometido a matar a un policía. Y su promesa no tiene retorno, es imborrable.

En las cárceles del país es muy difícil encontrar a un preso que no tenga una marca en su cuerpo. Los dibujos -eternizados en la piel y muchas veces confeccionados sin los cuidados básicos para este tipo de práctica- responden a un significado bastante específico. Acostumbrados a flirtear con la muerte y el peligro, no dudan en jugar al filo de la ley

Y a través de los dibujos profieren mensajes amenazantes contra el orden establecido. En muchos casos, los tatuajes carcelarios demuestran y afianzan metafóricamente los lazos familiares.

En otros, expresan agresividad o jerarquía. Otra variante que se ve con frecuencia en los internos, son los tatuajes agresivos, representados con dibujos de aves de rapiña, espadas, animales feroces y puñales.


Entre los que más se destacan figuran los siguientes:


-Cinco puntos: son aquellos que significan muerte a la Policía, cuatro ladrones y la Policía en el medio. Los cinco puntos, en ocasiones, han permitido reproducir el modelo de su construcción (cuatro formas construyendo un cuadrado, y otra forma en el medio valorizada negativamente) pero con una variante que reemplaza a estos puntos por otras imágenes tatuadas o por parte de las mismas.

-La rosa y las manzanitas mordidas: Exclusivas de los presos homosexuales.
-La calavera: significa que el portador del tatuaje no dudará en matar, ante una situación límite, para otros es una advertencia a la que se deberá prestar mucha atención.
-Los místicos: son imágenes de santos y vírgenes, cruces o figuras de Cristo y del diablo. Generalmente, este tipo de tatuajes es muy común en los presos acusados por violación.
-Los pacíficos: también usados por agnósticos y ateos suelen representarse con dibujos de palomas, flores, estrellas o palmeras.

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