
Dos muchachas lavaban ropa en un río. En las piedras lisas de la orilla refregaban y hundían las piezas. Sobre la corriente clara blanqueaba la espuma del jabón casero.
Dos caminantes, al parecer rendidos de cansancio, se acercaron y les pidieron agua para beber. Las muchachas desalmadas, en vez de agua le dieron espuma de jabón. Los hombres bebieron, y al devolverles las vasijas, uno de ellos les dijo:
-Que vuestros actos y palabras sean como la espuma.
Las muchachas no comprendieron aquella sentencia, y festejaron animadamente su broma maligna.
Cuando terminaron la tarea, una dijo a la otra, en guaraní, su lengua familiar: -¡YAJÁ! (1), y en el acto se transformaron en aves y salieron volando. Los viajeros eran Jesús y San Pedro que recorrían el mundo para probar la caridad de los hombres, y que así las castigaban.
Esa es la causa por la que el chajá (2) suele volar en pareja, anda con nerviosidad exagerada y alarma constantemente con sus gritos, que repiten aquella invitación al regreso:






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